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En
forma más o menos explícita y gatillado por la incertidumbre
o la decepción, se está generando la idea de que las decisiones
de política económica a nivel mundial y local no han sido
las correctas. En los países con situación más crítica
en América Latina se tiende a hablar abiertamente del fracaso del
modelo, y en casos como el chileno en que no hay una crisis declarada,
sino una decepción con los resultados se utiliza una variante:
agotamiento del modelo.
Lo anterior tiene expresiones sociales y políticas diversas, como
las ya rutinarias manifestaciones anti globalización, de las cuales
hemos visto en estos días otra variante en las reuniones del Fondo
Monetario y Banco Mundial; además, el contrapunto de las autoridades
argentinas con el FMI y las sistemáticas medidas contra la inversión
extranjera en ese país, junto a las proposiciones de desarrollo
de una estrategia nueva, basadas en el concepto de políticas industriales
para el caso chileno.
La posición adoptada por el Profesor Stiglitz, Premio Nóbel
de Economía y ex autoridad del Banco Mundial, ha servido de catalizador
para algunos en este sentido. El Profesor Stiglitz fue laureado por su
trabajo en los temas de asimetría de información y creo
que habría que recurrir a ese mismo concepto o simplemente falta
de información para interpretar que los fenómenos que se
ven hoy son explicables solamente en base a nuevas teorías económicas
o por lo menos a la aparición de algunos principios básicos
antes desconocidos. Sin duda, la teoría económica está
lejos de tener explicaciones para todo, y más aún, en la
medida que suceden hechos nuevos se va profundizando el conocimiento,
se perfeccionan conceptos y se conoce más sobre su rango de aplicación.
Todos los fenómenos que estamos viendo hoy día, sean éxitos
o fracasos, están dentro de lo que el conocimiento actual permite
explicar y ninguno justifica postular que las economías de mercado
abiertas y competitivas no funcionan, o que se conocen o se pueden postular
mejores maneras para generar riquezas y bienestar para las grandes masas
de población.
En mi perspectiva lo que ha sido ratificado recientemente, es que no es
posible escapar a la lógica básica de que los resultados
de bienestar deben venir después de un esfuerzo de mayor empleo,
inversión y productividad y que las situaciones más caóticas
y complejas se producen cuando los privados o los gobiernos tratan de
adelantar los beneficios o tenerlos sin completar las tareas elementales.
A continuación intentaré indicar como se pueden explicar
los fenómenos que estamos viendo sin recurrir a conceptos radicales
y supuestamente nuevos, como en su momento lo fueron el comunismo y las
variantes extremas del socialismo, ejercicio que además nos entrega
una base para poder hacer lineamientos de la forma en que evolucionarán
los acontecimientos en el futuro.
¿Fracasó el modelo en los países desarrollados?
Respecto a Estados Unidos existen dos elementos importantes que generan
inquietud. El primero se refiere a la evolución económica
y las perspectivas de crecimiento y el segundo se relaciona a las importantes
caídas de los mercados de capitales y a las dudas recientes sobre
la gestión corporativa. Respecto a la evolución económica
propiamente tal, la capacidad de la economía americana para mantener
tasas de crecimiento como lo ha hecho en estos últimos tiempos,
es la mejor forma de demostrar que en la medida que las economías
de mercado son más flexibles, generan más bienestar. Lo
contrario ocurre en Europa y Japón, donde instituciones que introducen
mayor rigidez, hacen más difícil el dinamismo económico
y en el caso de Japón lo mantienen sumido en una década
de recesión. En otra oportunidad, como ya lo he mencionado, parecía
difícil postular tasas de crecimiento permanentes del 4% anual
para la economía de Estados Unidos; ello probablemente es posible
en un período corto, pero no en el largo plazo. En esta perspectiva,
la moderación del crecimiento económico en Estados Unidos
no es un fracaso, sino algo conveniente. En el mundo desarrollado la tarea
de lograr un futuro mediato mejor está en manos de los otros países
y los conocimientos tradicionales que enfatizan la flexibilidad laboral,
el ahorro y la inversión, la reasignación de recursos para
ser más productivos y el diseño de instituciones en el mercado
financiero capaces de absorber las variaciones que naturalmente se producen
en él. Estos conceptos deben estar en el corazón de lo que
deben hacer si quieren aportar en este propósito.
Respecto a las fuertes caídas de los mercados de valores, pueden
haber muchas explicaciones; la inminencia de un conflicto bélico
es una de ellas y otra es el acomodo de todos los cálculos y análisis
a proyecciones menos exuberantes y más realistas. En los modelos
de valor presente, menores tasas de crecimiento impactan violentamente
en el valor de los activos y probablemente éste es uno de los elementos
más importantes que explica los cambios en los mercados de valores
de los últimos años. Desde el punto de vista de lo que hemos
aprendido en ciencia económica, lo más relevante es si las
instituciones del mercado de capitales son capaces de acomodar estas variaciones,
o si por el contrario colapsan, siendo el peor escenario el colapso lento
y agónico, como el de los bancos y otras instituciones en Japón.
Sigo pensando que en Estados Unidos las instituciones de los mercados
de capitales, incluyendo al Federal Reserve, tienen la flexibilidad necesaria.
Sin duda, en la medida que aparezcan más indicios de contabilidad
creativa en las corporaciones americanas la desconfianza será mayor
y los acomodos más difíciles de hacer. Recordemos que poco
tiempo atrás se hablaba de una nueva economía y de una nueva
contabilidad. Es de esperar que el resultado de constatar que algunos
lo tomaron más en serio que otros, o que no faltaron, como nunca
faltan, los que simplemente estafaron, termine por generar reglas que
destruyan la capacidad de manejo corporativo que ha demostrado Estados
Unidos.
¿Fracasó
el modelo en América Latina?
Mucho ya se ha escrito sobre Argentina y se está comenzando a analizar
la situación de Brasil. A costa de ser reiterativos, lo que hoy
experimentan es fácil de explicar si consideramos dos aspectos;
por una parte, si bien hicieron muchas reformas en algunas áreas
claramente se quedaron atrás, a modo de ejemplo Argentina y Brasil
siguen siendo economías muy cerradas y a gran distancia de México.
Por otro lado, trataron de vivir mejor a costa de endeudamiento. Cuando
ello se combinó, como en el caso de Argentina, con tipo de cambio
fijo e inflexibilidad en el gasto fiscal, se terminó en una crisis
mayor como existen muchos otros precedentes. Tampoco tienen que buscar
teorías nuevas para resolver sus conflictos actuales; Chile y México
son un ejemplo de superación exitosa de dilemas similares y Venezuela
de cómo ellos pueden prolongarse en el tiempo.
¿Se
agotó el modelo en Chile?
Chile se diferencia de Latinoamérica en que no tiene una crisis
inminente, sin embargo, vamos a cumplir un quinquenio con resultados muy
inferiores a los que acostumbrábamos, a los que nos creíamos
con derecho, y a lo que probablemente necesitemos para mantener los delicados
equilibrios sociales y políticos propios de países en desarrollo.
La explicación aquí tampoco requiere de teorías nuevas,
crecimos aceleradamente por tres quinquenios porque logramos una masa
crítica y reformas e instituciones que nos lo permitieron. El deterioro
en esas reformas, la falta de nuevas iniciativas o ambos factores a la
vez explican nuestro estancamiento actual. Si bien lo externo influye
en nuestro diagnóstico, hacerlo mejor depende de nosotros. Han
habido últimamente algunas expresiones de reconocimiento de esta
realidad y proposiciones al respecto por parte de personeros de la coalición
de gobierno; las que desafortunadamente han sido acalladas. Es de esperar
que reaparezcan más adelante, quizás en otra forma ante
la discusión presupuestaria que se avecina y que se inicia justo
al escribir este artículo.
El presupuesto de este año es un punto de quiebre. Hasta ahora
se ha operado como si el crecimiento fuera a llegar por arte de magia
y se han comenzado a insinuar problemas fiscales. Hoy o se aterriza a
una realidad mucho más mediocre en crecimiento y ello se internaliza
en el presupuesto, o se mantiene una proyección más optimista
y se la acompaña clara y creíblemente con decisiones que
hagan posible la recuperación del dinamismo en el futuro.
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