¿FRACASO DEL MODELO?

Martes, 1 de Octubre de 2002
Economía y Negocios, El Mercurio

 

          En forma más o menos explícita y gatillado por la incertidumbre o la decepción, se está generando la idea de que las decisiones de política económica a nivel mundial y local no han sido las correctas. En los países con situación más crítica en América Latina se tiende a hablar abiertamente del fracaso del modelo, y en casos como el chileno en que no hay una crisis declarada, sino una decepción con los resultados se utiliza una variante: agotamiento del modelo.
Lo anterior tiene expresiones sociales y políticas diversas, como las ya rutinarias manifestaciones anti globalización, de las cuales hemos visto en estos días otra variante en las reuniones del Fondo Monetario y Banco Mundial; además, el contrapunto de las autoridades argentinas con el FMI y las sistemáticas medidas contra la inversión extranjera en ese país, junto a las proposiciones de desarrollo de una estrategia nueva, basadas en el concepto de políticas industriales para el caso chileno.
La posición adoptada por el Profesor Stiglitz, Premio Nóbel de Economía y ex autoridad del Banco Mundial, ha servido de catalizador para algunos en este sentido. El Profesor Stiglitz fue laureado por su trabajo en los temas de asimetría de información y creo que habría que recurrir a ese mismo concepto o simplemente falta de información para interpretar que los fenómenos que se ven hoy son explicables solamente en base a nuevas teorías económicas o por lo menos a la aparición de algunos principios básicos antes desconocidos. Sin duda, la teoría económica está lejos de tener explicaciones para todo, y más aún, en la medida que suceden hechos nuevos se va profundizando el conocimiento, se perfeccionan conceptos y se conoce más sobre su rango de aplicación. Todos los fenómenos que estamos viendo hoy día, sean éxitos o fracasos, están dentro de lo que el conocimiento actual permite explicar y ninguno justifica postular que las economías de mercado abiertas y competitivas no funcionan, o que se conocen o se pueden postular mejores maneras para generar riquezas y bienestar para las grandes masas de población.
En mi perspectiva lo que ha sido ratificado recientemente, es que no es posible escapar a la lógica básica de que los resultados de bienestar deben venir después de un esfuerzo de mayor empleo, inversión y productividad y que las situaciones más caóticas y complejas se producen cuando los privados o los gobiernos tratan de adelantar los beneficios o tenerlos sin completar las tareas elementales.
A continuación intentaré indicar como se pueden explicar los fenómenos que estamos viendo sin recurrir a conceptos radicales y supuestamente nuevos, como en su momento lo fueron el comunismo y las variantes extremas del socialismo, ejercicio que además nos entrega una base para poder hacer lineamientos de la forma en que evolucionarán los acontecimientos en el futuro.

¿Fracasó el modelo en los países desarrollados?

Respecto a Estados Unidos existen dos elementos importantes que generan inquietud. El primero se refiere a la evolución económica y las perspectivas de crecimiento y el segundo se relaciona a las importantes caídas de los mercados de capitales y a las dudas recientes sobre la gestión corporativa. Respecto a la evolución económica propiamente tal, la capacidad de la economía americana para mantener tasas de crecimiento como lo ha hecho en estos últimos tiempos, es la mejor forma de demostrar que en la medida que las economías de mercado son más flexibles, generan más bienestar. Lo contrario ocurre en Europa y Japón, donde instituciones que introducen mayor rigidez, hacen más difícil el dinamismo económico y en el caso de Japón lo mantienen sumido en una década de recesión. En otra oportunidad, como ya lo he mencionado, parecía difícil postular tasas de crecimiento permanentes del 4% anual para la economía de Estados Unidos; ello probablemente es posible en un período corto, pero no en el largo plazo. En esta perspectiva, la moderación del crecimiento económico en Estados Unidos no es un fracaso, sino algo conveniente. En el mundo desarrollado la tarea de lograr un futuro mediato mejor está en manos de los otros países y los conocimientos tradicionales que enfatizan la flexibilidad laboral, el ahorro y la inversión, la reasignación de recursos para ser más productivos y el diseño de instituciones en el mercado financiero capaces de absorber las variaciones que naturalmente se producen en él. Estos conceptos deben estar en el corazón de lo que deben hacer si quieren aportar en este propósito.
Respecto a las fuertes caídas de los mercados de valores, pueden haber muchas explicaciones; la inminencia de un conflicto bélico es una de ellas y otra es el acomodo de todos los cálculos y análisis a proyecciones menos exuberantes y más realistas. En los modelos de valor presente, menores tasas de crecimiento impactan violentamente en el valor de los activos y probablemente éste es uno de los elementos más importantes que explica los cambios en los mercados de valores de los últimos años. Desde el punto de vista de lo que hemos aprendido en ciencia económica, lo más relevante es si las instituciones del mercado de capitales son capaces de acomodar estas variaciones, o si por el contrario colapsan, siendo el peor escenario el colapso lento y agónico, como el de los bancos y otras instituciones en Japón.
Sigo pensando que en Estados Unidos las instituciones de los mercados de capitales, incluyendo al Federal Reserve, tienen la flexibilidad necesaria. Sin duda, en la medida que aparezcan más indicios de contabilidad creativa en las corporaciones americanas la desconfianza será mayor y los acomodos más difíciles de hacer. Recordemos que poco tiempo atrás se hablaba de una nueva economía y de una nueva contabilidad. Es de esperar que el resultado de constatar que algunos lo tomaron más en serio que otros, o que no faltaron, como nunca faltan, los que simplemente estafaron, termine por generar reglas que destruyan la capacidad de manejo corporativo que ha demostrado Estados Unidos.

¿Fracasó el modelo en América Latina?
Mucho ya se ha escrito sobre Argentina y se está comenzando a analizar la situación de Brasil. A costa de ser reiterativos, lo que hoy experimentan es fácil de explicar si consideramos dos aspectos; por una parte, si bien hicieron muchas reformas en algunas áreas claramente se quedaron atrás, a modo de ejemplo Argentina y Brasil siguen siendo economías muy cerradas y a gran distancia de México. Por otro lado, trataron de vivir mejor a costa de endeudamiento. Cuando ello se combinó, como en el caso de Argentina, con tipo de cambio fijo e inflexibilidad en el gasto fiscal, se terminó en una crisis mayor como existen muchos otros precedentes. Tampoco tienen que buscar teorías nuevas para resolver sus conflictos actuales; Chile y México son un ejemplo de superación exitosa de dilemas similares y Venezuela de cómo ellos pueden prolongarse en el tiempo.

¿Se agotó el modelo en Chile?
Chile se diferencia de Latinoamérica en que no tiene una crisis inminente, sin embargo, vamos a cumplir un quinquenio con resultados muy inferiores a los que acostumbrábamos, a los que nos creíamos con derecho, y a lo que probablemente necesitemos para mantener los delicados equilibrios sociales y políticos propios de países en desarrollo. La explicación aquí tampoco requiere de teorías nuevas, crecimos aceleradamente por tres quinquenios porque logramos una masa crítica y reformas e instituciones que nos lo permitieron. El deterioro en esas reformas, la falta de nuevas iniciativas o ambos factores a la vez explican nuestro estancamiento actual. Si bien lo externo influye en nuestro diagnóstico, hacerlo mejor depende de nosotros. Han habido últimamente algunas expresiones de reconocimiento de esta realidad y proposiciones al respecto por parte de personeros de la coalición de gobierno; las que desafortunadamente han sido acalladas. Es de esperar que reaparezcan más adelante, quizás en otra forma ante la discusión presupuestaria que se avecina y que se inicia justo al escribir este artículo.

El presupuesto de este año es un punto de quiebre. Hasta ahora se ha operado como si el crecimiento fuera a llegar por arte de magia y se han comenzado a insinuar problemas fiscales. Hoy o se aterriza a una realidad mucho más mediocre en crecimiento y ello se internaliza en el presupuesto, o se mantiene una proyección más optimista y se la acompaña clara y creíblemente con decisiones que hagan posible la recuperación del dinamismo en el futuro.

 

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