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FACTORES
DETERMINANTES PARA UNA GESTION ESCOLAR EFECTIVA
Se podría
definir una gestión escolar efectiva como la administración
adecuada de recursos humanos y de recursos económicos, del tiempo,
del ambiente y la infraestructura . Es importante entender que ninguno
de estos factores por sí solo genera gestión, el éxito
de ésta está estrechamente vinculado a la optimización
del potencial de manera de lograr el efecto esperado, niños con
una educación de mejor calidad.
No se
puede siquiera pensar en equidad en educación mientras no exista
una gestión de calidad, se necesita implementar una gestión
que no deje espacio a la cultura del empedrado, una gestión que
apunte a que los niños desarrollen su potencial intelectual de
manera de poder acceder con libertad a las expectativas de sus sueños,
no se puede gestar para hacer soñar solamente, hay que hacer una
gestión que se dirija a objetivos de largo aliento y que muestre
las acciones para alcanzarlos.
No será
esta presentación entonces un análisis de los problemas
que dificultan la gestión sino un breve recuento de la cadena de
factores que hemos tenido en cuenta quienes hemos creído con profunda
convicción que la educación derrota a los muchos obstáculos
que nuestra sociedad pone por delante.
NO
DAR PUNTADA SIN HILO
En esta
línea de pensamiento favorece el que todos quienes trabajan en
el Colegio estén compenetrados de la Visión y Misión
propuesta en el Proyecto, una gestión efectiva no se cansa de plasmar
sus objetivos, transmite el sentido del trabajo desde todos los ángulos
posibles, en el ambiente se respira un clima despejado donde el norte
está claro. Esto claramente se hace más fácil cuando
los que trabajan en el Colegio están ahí por su capacidad
y nivel de compromiso y no por herencia o fuero de algún tipo.
La autonomía de los Directores ayudaría muchísimo
a avanzar en este sentido pero, de cualquier modo, un Director con camiseta
tiene que transmitir pasión. Así se contagia un espíritu
de acción que se puede respirar.
Menciono
aquí y más adelante el concepto de intencionalidad pedagógica,
no sirve coser sin hilo ni enseñar sin intención. Un colegio
efectivo, se preocupa de poner intención en todo, en lo relevante
de un contenido académico y en no perder agua por una llave que
gotea. Una comprensión de lectura pedagógicamente intencionada
tendrá preguntas desafiantes, estimulantes, y un baño limpio
educa la dignidad si se hace conciente el esfuerzo por tenerlo y mantenerlo.
Una adecuada corrección de cuadernos puede enseñar ortografía
y redacción, respeto y responsabilidad. Una tarea bien hecha se
estimula al igual que una sala ordenada.
La planificación
estratégica para el logro de cada objetivo debe cuidar hasta el
más mínimo detalle, no se puede desperdiciar ni una sola
instancia. El tiempo es oro en educación y se ve a simple vista
cuando uno visita colegios efectivos. ¿Queremos insertar inglés?
Todo se llena con tarjetas con el nombre en inglés, los ficheros
dan cuenta del interés, quienes manejan el idioma lo usan. ¿Queremos
desarrollar pensamiento matemático? Hacemos gráficos para
ilustrar las actividades, las asistencias y las notas, promovemos concursos
con preguntas de ingenio, hacemos competencias de cálculo mental,
incentivamos la elaboración de proyectos. ¿Queremos dar
a conocer las regiones de Chile? Lo pintamos en pastelones donde podrán
jugar al luche y agregar conocimientos. Si cada planta o árbol
tiene su nombre y los rincones en desuso se adornan con cojines y libros,
el Colegio generará un destacable sentido de pertenencia y habrá
ambiente propicio al aprendizaje.
Es definitivamente un factor determinante el que cada actividad dentro
del Colegio esté bien planificada, empezando por la sala de clases.
No debería caber la improvisación, cada hora de clases dura
sólo 45 minutos (aunque se hable de una hora) y cada uno de ellos
debe estar organizado de manera de producir aprendizajes. A mayor minuciosidad
en la planificación, mayor espacio para la creatividad tanto de
alumnos como de profesores, cuando las clases están previamente
pensadas, conversadas con los pares o con un coordinador académico,
estudiadas y complementadas con el material adecuado, el rodaje es fluído,
mejora el ritmo de aprendizaje, produce desarrollo de pensamiento y genera
un clima de rigor en el trabajo, positivo como modelo e indispensable
para avanzar. El tema del rigor no es menor, Strong y Perini, lo definen
como el derecho de todo ser humano a ser expuestos a lo mejor, a lo más
complejo, a lo más cercano a la perfección a que se pueda
llegar.
Debemos
mirar a largo plazo, no pueden haber acciones efectistas, el inmediatismo
no es buen consejero.
Los
niños van al Colegio una sola vez en sus vidas y lo hacen durante
el período en que sus mentes están en el máximo de
permeabilidad, no podemos, entonces, los profesores esperar a que alguien
haga a futuro lo que no logramos hoy. Los niños están en
nuestras manos la mayor parte del tiempo, en muchas familias los padres
están junto a sus hijos sólo al desayuno y la comida. Son
nuestra responsabilidad, debemos educar al niño de hoy para que
se proyecte al hombre de mañana. Cuando sabemos que de la puntualidad
dependerá su estabilidad laboral debemos inculcar ese hábito
hoy, cuando sabemos que será la perseverancia la que lo lleve lejos
debemos imponerle desafíos grandes a contar de hoy. No podemos
saber hacia dónde irán sus intereses profesionales y laborales
pero sí sabemos que deberá observar minuciosamente, reflexionar,
preguntar, asociar, inferir, analizar, sintetizar, expresar ideas lógicas
y argumentar si acaso quiere progresar en su desarrollo intelectual. No
somos adivinos pero podemos intuír que si les enseñamos
a tolerar las frustraciones más que a evitarlas y que si los ayudamos
a forjar sus voluntades más que a lamentarse estaremos formando
seres más fuertes, más resilientes.
TRANSPARENCIA
El concepto
de transparencia como factor determinante implica muchas areas:
Los
alumnos saben exactamente qué es lo que sus profesores esperan
de ellos y los profesores ponen metas altas, las hacen explícitas
y depositan confianza en la capacidad de sus alumnos para alcanzarlas.
A veces algo tan simple como escribir en el pizarrón el tema de
la clase y poner la fecha permite centrar al alumno en el aprendizaje
esperado. Mejor aún si puntea el contenido. Los profesores y la
Dirección señalan ideales a los que pueden apuntar, proponen
desafíos intelectuales, estimulan el arte, la música y el
deporte, buscan que los alumnos se estiren, crezcan.
Existe
transparencia y coherencia entre lo que cada uno predica y practica. El
profesor no llega tarde a la sala y después deja afuera a los atrasados,
si dice que traerá los resultados de las pruebas en una semana,
cumple con lo prometido. No exige uniforme una semana y olvida el tema
a la siguiente. Las partes calzan en el puzzle y se nota cuando uno ve
un colegio con alumnos bien presentados, generalmente no hay rayados en
los baños y los ficheros murales están bonitos, limpios
y bien letrados, así se hace cultura escolar.
Las
puertas están abiertas, las salas de clase pueden ser visitadas
y vitrineadas sin que se interrumpa el trabajo de los alumnos, la oficina
del Director se mantiene abierta, las reuniones son ampliadas, no hay
discursos selectivos ni menos rumores de pasillo. Los aplausos y estímulos
positivos son públicos y sólo se cierra la puerta cuando
es necesario amonestar o reconvenir en privado.
Las
planificaciones son cuadernos abiertos y bien dispuestos, predomina el
compartir por sobre el guardar. Admiten sugerencias, toleran la crítica
y la corrección, se enriquecen año a año con la experiencia
y el trabajo en equipo. Es notable cómo se genera trabajo colaborativo
a partir del traspaso de planificaciones.
Reconocer
debilidades se convierte en fortaleza, pedir ayuda o asesoría es
un acto de desarrollo profesional. Un profesor que pide ayuda a sus pares
y a la Dirección se engrandece y favorece a sus alumnos. No hay
nada más sano para un Colegio que cuando la Dirección busca
los cursos de perfeccionamiento de acuerdo a las necesidades de los alumnos
y debilidades de los profesores.
Se hace buena gestión cuando el colegio se muestra hacia los padres
tal cual es, los resultados de sus alumnos se publican y se informan a
la comunidad, se invita a los padres a conocer el Colegio donde estarán
sus hijos y a conocer el recinto físico, el grupo de profesores
que lo integran, el plan de estudios y el reglamento. Si lo hicieran concientemente
estarían optando libremente por lo tanto podrían asumir
que se convierten en socios en la empresa formativa y en calidad de socios
participativos tienen el derecho de saber lo que se hace por educar a
sus hijos y, principalmente, el deber de apoyar a la institución
. Sabemos que por distintas razones esto no ocurre siempre así
y es entonces que los profesores deben seguir adelante en la tarea educativa
a pesar de las familias, no se puede pretender que el profesor asuma roles
para los cuales no tendría porqué estar preparado. No es
un padre sustituto, ni un orientador, sicologo o terapeuta, él
es transparentemente un profesor y no puede dejar de lado la tarea de
educar aunque el socio no esté participando con igual aporte.
Las
normas y el Reglamento Interno del Colegio son parte de un derecho adquirido
en el Decreto Cooperador de la función del Estado, un Colegio debiera
poder exhibir con transparencia sus políticas disciplinarias y
actuar conforme a ellas. El alumno será el principal beneficiado
si no tiene que enfrentar tironeos de autoridad, nadie lo discute cuando
se trata de aunar criterios entre madre y padre, nadie debería
discutirlo cuando ha sido convenido y establecido en el Proyecto Educativo.
Las
evaluaciones tienen que ser transparentes, los alumnos deben poder revisar
y corregir a partir de sus errores. El Colegio transparenta sus resultados
en comparación con sí mismo, con años anteriores
y con otros colegios. Busca caminos de mejoría a través
del saber colectivo, todos van tras lo mismo: el éxito de los alumnos.
BRUJULA
La brújula
como instrumento fue un invento que mejoró radicalmente la navegación.
Veamos qué significa usar brújula en educación. No
hay manera de lograr que los niños aprendan bien si no existe una
clara intencionalidad pedagógica como lo mencioné anteriormente.
Ningún profesional serio aceptaría dejarse llevar por el
azar, los médicos nos piden examenes para darnos o corroborarnos
un diagnóstico, las empresas muestran sus balances y documentos
contables, los profesores deberíamos tener la brújula en
una mano y el timón en la otra, sólo así se llega
a puerto. No hay que detenerse a oír los cantos de las sirenas
que desvían nuestra atención, las evaluaciones nos recuerdan
dónde estamos y a dónde queremos llegar, las pruebas deberían
ser buenas radiografías de nuestro trabajo al interior de la sala.
No podemos pretender mejorar si no aceptamos ser auscultados.
Un buen
capitán mira la brújula para no perder su norte, lo mismo
hace un colegio cuando se examina con frecuencia, es sólo así
que puede rectificar rumbo apenas se hace necesario, aprovecha la oportunidad,
no acumula rezagos.
Las
evaluaciones son indispensables para que ningún niño se
quede atrás y para saber a qué niño podemos aumentarle
el nivel de desafío. Darle más al que puede más es
justicia.
Cada
colegio debería tener al menos un par de evaluaciones provenientes
de la Dirección para cada asignatura, esto permitiría que
los cursos mantengan así los aprendizajes alineados al currículo,
permitiría que los profesores mantengan el ritmo previamente estipulado
en la calendarización de los contenidos, permitiría que
se compartan dudas y se traspasen metodologías ingeniosas y productivas,
permitiría mantener vivo el espíritu de la sana competencia.
Cada
colegio debería también medirse con pruebas externas estandardizadas,
así podría imponerse metas cada vez más exigentes,
no correría el riesgo de la autocomplacencia y tendría mayor
validez el sentido de urgencia. No hay tiempo que perder como se dijo
anteriormente y no hay atajos ni caminos fáciles para lograr lo
que nos hemos propuesto
Director
Parece
tan obvio decir que un Director es el factor determinante de una gestión
efectiva sin embargo siempre es necesario volver a mirar su rol dentro
del establecimiento.
Un Director
inmerso en la gestión rara vez se encuentra en su oficina, mientras
haya alumnos está en los pasillos, en los patios, en las salas
de clase. Dedica la mayor parte de su tiempo al enriquecimiento académico
del colegio, es en sí mismo un referente pedagógico, puede
planificar y hacer clases, conoce los Planes y Programas y, en conjunto
con los profesores, puede jerarquizar de acuerdo a la relevancia de los
contenidos. Puede observar clases, supervisar planificaciones y hacer
aportes significativos al desarrollo profesional de sus profesores. Es
un Director que revisa pruebas y cuadernos, que toma el pulso a lo que
está pasando adentro del Colegio.
Es
factible pensar que conocerá a muchos alumnos por su nombre, distinguirá
a quienes tienen las mayores debilidades y las más grandes fortalezas,
verá el recorrido de los más lentos y la carrera de los
más rápidos, se esmerará por imprimir en cada alumno
el sello del Colegio.
El Director
al igual que el profesor efectivo lleva la brújula en una mano
y el timón en la otra, sabe liderar desde dentro pero, a la vez,
puede mirar con objetividad y perspectiva al mismo tiempo. Está
conciente de la necesidad de equilibrar las necesidades importantes y
las urgentes y transmite el equilibrio por sobre el caos. Un colegio vive
cada minuto la permanente disyuntiva, se toman cientos de pequeñas
decisiones cada día y cada una tiene efectos en la calidad de los
aprendizajes. Su capacidad para tomar las decisiones correctas y bien
enfocadas es un factor determinante.
El Director
efectivo tiene un poder que se desprende de su conocimiento y del diario
quehacer, no tiene el cargo como epílogo de una carrera funcionaria,
su poder surge porque tiene la capacidad de visualizar, de caminar derecho
a la meta sin mirar al suelo, cuando se tropieza, recupera el equilibrio
y sigue adelante, cuando se cae, pide ayuda, se para y reemprende la marcha.
No se deja vencer porque sabe dónde quiere llegar.
El Director
efectivo estimula la profesionalización de los profesores, no los
dispersa en actividades ajenas a su tarea principal, organiza el equipo
de trabajo de acuerdo a las necesidades, aprovecha el potencial de cada
uno destinándoles los niveles y asignaturas donde mejor podrían
potenciar sus fortalezas, mantiene un clima cordial y amable donde las
afinidades y afectos personales no se confunden con las expectativas profesionales.
Contagia a todos los actores del proceso con la pasión de quién
forma parte de un círculo virtuoso.
El Director
efectivo no se paraliza frente a la falta de recursos, ahí es cuando
estimula el ingenio, (no habrá materiales para enseñar matemáticas
pero valen las semillas, porotos y botones). No se detiene frente a la
falta de participación de los padres, busca nuevas estrategias
y no se disculpa mirando un entorno hostil y poco cooperador, hace de
su colegio un lugar de paz y acogida al cual los niños llegan felices
y en el cual quieren quedarse.
Finalmente,
una buena gestión no presenta una dicotomía entre el afecto
y el efecto, una buena gestión se determina por la suma de afecto
y efecto , así se logra un mejor producto.
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